A finales de agosto, el ministro de Transportes inauguró un nuevo tramo de la A-11 en Castilla y León. La noticia llegó con fotos y titulares en los medios. Pero detrás de esos 30 kilómetros recién añadidos hay una historia más complicada: la autopista que se pensó en los años 90 sigue sin estar completa.

El tramo que acaba de abrirse conecta Valladolid con Quintanilla de Arriba, una localidad cerca de Peñafiel. Esto cierra uno de los últimos eslabones que faltaban en el eje vial de la región. Sin embargo, la inauguración tiene una salvedad importante: el tramo funciona, pero no del todo.

La conexión a medias

En el nuevo segmento hay un viaducto que está todavía en construcción. El tráfico puede circular desde Valladolid hacia Soria, pero en el sentido inverso la infraestructura sigue incompleta. Según lo previsto, ese viaducto no estará terminado hasta 2027.

Esto significa que la conexión continua que se buscaba entre ambas poblaciones sigue siendo parcial. El transporte de mercancías y pasajeros puede avanzar en una dirección, pero la circulación fluida en los dos sentidos tendrá que esperar un año más.

Un proyecto que atravesó décadas

La A-11 fue concebida hace tres décadas como un gran eje de comunicación para toda Castilla y León. Tres décadas después, sigue siendo un proyecto en construcción. Este último tramo es un paso hacia adelante, pero también es un recordatorio de lo lento que ha sido el desarrollo de infraestructuras viales en la región.