Los bonos y las acciones cuentan historias opuestas. Los inversores venden deuda pública masivamente, con rendimientos en máximos de décadas. El bono japonés superó el 3% por primera vez desde 1996. El alemán alcanzó niveles no vistos en quince años. El estadounidense a diez años rozó el 4,8%. Sin embargo, las bolsas se mantienen cerca de sus máximos históricos, confiando en ganancias empresariales robustas.
Qué presiona los rendimientos de los bonos
Detrás de esta venta confluyen varios factores. Los gobiernos mantienen déficits elevados y necesitan emitir más deuda. El petróleo vuelve a presionar los precios. Los bancos centrales tienen menos margen para relajar la política monetaria. Además, Estados Unidos, Europa y China destinan cada vez más recursos a energía, defensa, semiconductores e infraestructura estratégica.
La competencia entre Washington y Pekín agrega otra capa: reducir la dependencia de China obliga a reconstruir cadenas de suministro y duplicar capacidad industrial, un modelo más caro que el actual. Esto puede mantener presiones inflacionarias incluso sin crecimiento acelerado.
En la zona euro, la inflación volvió a superar el 3% en agosto mientras las previsiones de crecimiento siguen débiles. Esa combinación ha traído de vuelta una palabra casi olvidada: estanflación, el escenario de inflación alta con crecimiento bajo.
Por qué la Bolsa resiste
La estanflación suele castigar tanto bonos como acciones. Los primeros pierden poder adquisitivo; las segundas enfrentan menor crecimiento con costos del dinero elevados. Que los índices aguanten mientras la renta fija sufre tiene explicación.
El origen del aumento de rendimientos es clave. Buena parte del movimiento procede de tipos reales más altos, no de expectativas inflacionarias. Eso es compatible con una economía que sigue invirtiendo, generando beneficios y demandando capital en cantidad. Algunos analistas sugieren que parte del aumento de rendimientos descuenta ganancias futuras de productividad asociadas a inteligencia artificial, no solo inflación.
Analistas revisan episodios históricos: desde 2000 identifican 25 ocasiones con aumentos significativos en rendimientos a largo plazo. Las acciones estadounidenses registraron descensos importantes solo en 2000-2001 y 2008. Ese historial sostiene el optimismo de las grandes firmas de Wall Street en renta variable.