Marruecos ya no exporta principalmente tomates, pescado y turismo. Cada año salen de sus fábricas cientos de miles de coches, motores de avión y pronto baterías para vehículos eléctricos europeos. La economía marroquí creció un 4,9% en 2025, el mayor avance en una década, según el Banco Mundial.

Una fábrica no es suficiente

Renault produjo más de 394.000 vehículos en Marruecos durante 2025, lo que convierte al país en la segunda plataforma industrial del grupo por volumen. El 82% de esa producción se exporta. La clave no es solo que los salarios sean bajos. Alrededor de la fábrica del Estrecho operan 87 proveedores de primer nivel. Un tren conecta directamente los vehículos hasta el puerto de Tánger Med, que movió 11,1 millones de contenedores el año pasado. Europa está a pocas horas de distancia.

Esto crea un ecosistema: los componentes llegan rápido, los coches salen rápido, todo permanece integrado. Si solo se tratara de salarios bajos, otros países competirían. Pero el corredor industrial marroquí ofrece algo más: una cadena completa en el mismo lugar.

Baterías y motores de avión

Stellantis amplió su planta en Kenitra y comenzó este año la producción de nuevos modelos. La compañía planea comprar más de 6.000 millones de euros anuales a proveedores marroquíes en 2030 y alcanzar un 75% de integración local. Esto significa que las piezas también se fabricarán allí, no solo se ensamblarán.

Lo inusual es que Safran decidió instalar en Marruecos la única planta de ensamblaje de motores LEAP-1A que tendrá fuera de Francia. Se trata de motores para el Airbus A320neo, con una inversión de 200 millones de euros. Esto ya no es ensamblaje de componentes importados: es manufactura de complejidad alta.

El país también recuperó en 2025 el grado de inversión de Standard & Poor's, con la inflación en 0,8% y el déficit presupuestario en 3,5% del PIB. Detrás de este crecimiento hay casi dos décadas de inversión en fábricas, puertos, carreteras y formación que transformaron la estructura económica marroquí.