Casi seis de cada diez padres españoles con hijos en secundaria entregan una asignación semanal. El monto promedio es de 14,5 euros, según datos de 2024. Pero no hay consenso sobre cuál es el mejor método: ¿dar la paga sin condiciones o hacer que los chicos se la ganen?

Las dos estrategias principales

Quienes defienden la paga fija argumentan que funciona como un laboratorio de aprendizaje. Los chicos cometen errores con dinero pequeño antes de tener que gestionar un sueldo real. La idea es que entiendan cómo tomar decisiones sin que eso les arruine la vida. Así pueden probar, fallar y aprender mientras todavía dependen de sus padres.

La otra postura enfatiza que el dinero debe ganarse. En lugar de una paga automática, algunos prefieren que los hijos reciban dinero en ocasiones puntuales (cumpleaños, fiestas) o que trabajen en tareas remuneradas. Un ejemplo: un padre montó un pequeño huerto de tomates con su hijo para que ganara dinero destinado a comprar un telescopio. Así el chico aprende tanto a administrar recursos como a generarlos.

Cómo hacer que funcione la paga

Si elegís esta opción, hay un detalle crucial: la paga debe reemplazar gastos que ya pagabas. No es dinero extra. Por ejemplo, los padres pueden transferir a los chicos el presupuesto para chucherías, cromos o salidas al cine. De esta forma, cada gasto tiene consecuencias reales. Si se gastan el dinero del cine antes de tiempo, se pierden esa salida: no hay reposición.

Esta estructura enseña que los recursos son limitados y que elegir una cosa implica renunciar a otra. Lo fundamental es mantener la regla: no aumentar la cantidad cada vez que el chico se queda sin dinero.

Los expertos sugieren comenzar alrededor de los 6 o 7 años, cuando el niño ya puede hacer cálculos simples. Recomiendan montos pequeños entregados semanalmente, para que el intervalo entre pagos no sea demasiado largo y el aprendizaje sea más frecuente.