El estropajo que usamos para fregar la cocina puede albergar cientos de microorganismos invisibles al ojo. De hecho, acumula más bacterias que un retrete, incluidas peligrosas como la Salmonella. Esto ocurre porque su estructura porosa es un caldo de cultivo ideal para hongos y bacterias que se multiplican constantemente.

El problema radica en que cuando limpiamos superficies con un estropajo contaminado, en lugar de desinfectar, esparcimos esos microorganismos por toda la cocina. Esto convierte al instrumento de limpieza en un vehículo de contaminación silencioso.

Cómo higienizar un estropajo

Calentar el estropajo en el microondas durante unos segundos puede funcionar los primeros días de uso, pero no elimina la contaminación bacteriana de forma completa. Para una desinfección real, existen dos opciones: hervir estropajos y bayetas durante cinco minutos, o sumergirlos en agua con lejía durante diez minutos (una cucharada de lejía por litro de agua).

Aun así, si los usamos a diario no hay forma de evitar que se recontaminen. Por eso, los expertos en seguridad alimentaria recomiendan renovarlos cada semana sin excepción.

La mejor alternativa: cambiar de herramienta

La opción más segura es abandonar completamente el estropajo y reemplazarlo por un cepillo lavavajillas. Los cepillos resultan mucho más higiénicos porque su estructura no favorece la proliferación bacteriana como lo hace el material poroso de los estropajos. Son más fáciles de limpiar y desinfectar, y mantienen mejor sus propiedades a lo largo del tiempo.