Un estudio reciente analizó a más de 1.300 adultos mayores de 56 años durante 19 años para entender cómo el hábito de dormir durante el día afecta la salud. Los investigadores usaron dispositivos para monitorear el sueño durante 14 días y registraron cualquier período de descanso entre las 9 de la mañana y las 7 de la noche.
¿Qué encontraron los investigadores?
Los datos revelaron un patrón preocupante: por cada hora adicional de siesta diaria, aumentó 13% el riesgo de mortalidad en los participantes. Además, tomar una siesta extra cada día se asoció con un 7% más de probabilidad de muerte.
Otro hallazgo importante fue que la hora del día importa. Quienes dormían principalmente por la mañana mostraron 30% más mortalidad que los que descansaban a media tarde, el horario tradicional de siesta en varios países.
La siesta como síntoma, no como causa
Aunque estos números suenan alarmantes, los científicos advierten contra sacar conclusiones apresuradas. Las siestas largas probablemente no son las que acortan la vida, sino un indicador de que algo no está bien con la salud general de la persona.
Dormir excesivamente durante el día puede reflejar problemas subyacentes como depresión, mala calidad del sueño nocturno, enfermedades cardiovasculares o metabólicas. En otras palabras, la siesta prolongada funciona como una señal de alerta que vale la pena investigar con un profesional, más que como una amenaza en sí misma.