Según Greenpeace, más del 80 % de la población española está expuesta a aire contaminado. La cifra surge de aplicar los nuevos límites de calidad que establecerá una directiva europea cuya aprobación está prevista para finales de 2026. Estos criterios son más estrictos que la normativa española actual, vigente desde 2008, y se alinean con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

El dato coincide con el Día Internacional del Aire Limpio por un Cielo Azul, celebrado por iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente. Este año, el enfoque pone juntos tres problemas que van de la mano: contaminación atmosférica, cambio climático y salud. Las emisiones que generan estos dos primeros comparten las mismas fuentes, y la exposición prolongada a aire sucio es un asunto de salud pública seria.

El tráfico, factor principal

El transporte motorizado es el responsable principal de la contaminación en España. Le siguen actividades industriales, operaciones portuarias, cruceros, aeropuertos, y la quema de combustibles fósiles. Entre los contaminantes más perjudiciales está el dióxido de nitrógeno y las partículas en suspensión, ambas vinculadas al tráfico vehicular.

Para reducir estas emisiones, desde 2023 existe la obligación de crear zonas de bajas emisiones en municipios con más de 50.000 habitantes. Sin embargo, su efectividad varía: en algunos casos se peatonalizan áreas que ya lo eran, sin lograr mejoras reales. Ciudades como Barcelona, Madrid y Pontevedra sí han logrado reducir los niveles de contaminación con estas medidas.

Qué hay que cambiar

Greenpeace reclama que España adapte su legislación con ambición. Las propuestas incluyen reducir el tráfico de vehículos privados, aplicar zonas de bajas emisiones que realmente funcionen, y facilitar desplazamientos en transporte público, bicicleta o vehículos eléctricos. También pide mejorar la ubicación de medidores de contaminación para que los datos reflejen mejor cómo respiran realmente los ciudadanos.

Las energías renovables juegan un papel relevante: actualmente es posible producir casi el 60 % de la energía con fuentes limpias. Ampliar esta proporción contribuiría directamente a la reducción de la contaminación atmosférica.