Sofía González subió al podio más alto de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 como capitana de las Yaguaretés, el equipo femenino de rugby en seven. Fue la primera vez que Argentina ganó el oro en esta categoría en estos Juegos. A los minutos de terminar, González expresó la importancia de lo conseguido: no solo para ella, sino para todo el equipo y el proyecto que vienen construyendo.
Su llegada al rugby fue casi casual. A los 13 años, una vecina de la Zona Oeste de Buenos Aires la invitó a probar. González jugaba vóley, pero en la primera práctica en el club Sitas se enamoró del deporte. El problema era que no había divisiones juveniles: necesitaba tener 18 años para competir en primera división. Pasó cinco años entrenando sin disputar un solo partido oficial.
Del Cenard a la selección argentina
Cuando ingresó a la selección en 2013, los sacrificios continuaron. Llegó tarde al primer entrenamiento tras viajar tres horas desde Haedo. Dejó la escuela en quinto año para dedicarse al rugby (terminó después por educación a distancia) y vivió seis años en el Cenard, donde mejoró su alimentación y entrenamiento. Ese rigor le permitió convertirse en capitana y emblema de las Yaguaretés.
El camino hasta el oro en Santa Fe 2026 estuvo lleno de frustraciones. Desde el cuarto puesto en Asunción 2022 hasta este presente, el equipo avanzó considerablemente. Incluso logró el pase a los Panamericanos de Lima 2027, tras quedarse afuera de Santiago 2023. Este año, González fue elegida Mejor Jugadora Novata en el SVNS World Championship, la élite del circuito mundial de rugby femenino en seven.
El rol de la experiencia en el juego
González destacó que sus años de trayectoria le permiten tener una visión de juego diferente. Señaló que el trabajo del staff técnico actual fue clave para que el equipo elevara su nivel. Su potencia física y capacidad de lectura del juego la colocan entre las mejores jugadoras del mundo, como quedó demostrado en la Rugby Premier League de India.
Ahora con la medalla en el pecho, González reflexionó sobre lo que representa ser referente para otras jugadoras jóvenes. El crecimiento del rugby femenino en Argentina no es casualidad: fue el resultado de años de trabajo, de jugadoras que persistieron cuando la disciplina era incipiente, y de un proyecto profesional que finalmente dio frutos.