The Verve tiene una historia rara en el rock: una banda británica que conquistó el mundo con una canción, pero nunca pudo escapar de su sombra. Nada de lo que hizo antes o después logró acercarse al fenómeno que fue Bitter Sweet Symphony, lanzada en 1997.
El grupo nació en Wigan en 1990 con Richard Ashcroft en la voz, Nick McCabe en guitarra, Simon Jones en bajo y Peter Salisbury en batería. Sus primeros trabajos —A Storm in Heaven (1993) y A Northern Soul (1995)— los construyeron una reputación sólida entre críticos, pero seguían lejos del público masivo. Tocaban un sonido psicodélico y atmosférico, nada cercano al pop comercial.
Cuando todo cambió en un álbum
Urban Hymns llegó en 1997 y lo cambió todo. El disco fue un éxito descomunal y contenía temas ya clásicos: The Drugs Don't Work, Lucky Man, Sonnet. Pero Bitter Sweet Symphony fue la bomba. Construida sobre un sample de una versión orquestal de The Last Time de los Rolling Stones, la canción se metió en la cabeza de millones. El videoclip ayudó: Ashcroft caminando por una calle atestada, sereno e impasible, se volvió icónico.
El éxito vino con un problema legal monumental. Aunque la banda tenía permiso para usar el sample, empleó más fragmento del autorizado. Richard Ashcroft perdió durante años los derechos de autor e ingresos de la canción, que fueron a parar a Mick Jagger y Keith Richards. Recién en 2019 ambos músicos devolvieron voluntariamente esos derechos. Dos décadas de pelea por una sola canción.
Éxito y colapso
Paradójicamente, alcanzar la cima aceleró el fin. Las tensiones internas, especialmente entre Ashcroft y McCabe, hicieron que The Verve se separara en 1999, apenas dos años después del apogeo.
En 2007 intentaron un regreso. Lanzaron Forth (2008) y giraron internacionalmente, pero las diferencias personales reaparecieron rápido. En 2009 se separaron de nuevo, esta vez de forma definitiva.
Ashcroft siguió solo con éxito en Reino Unido. Hoy, más de quince años después de la última actuación como The Verve, continúa como músico activo. En 2025 publicó Lovin' You, acompañó a Oasis en su reunión y toca constantemente. En cada concierto, Bitter Sweet Symphony sigue siendo el punto culminante. Es imposible escapar de ella.