Las elecciones regionales en Mecklemburgo-Antepomerania y Berlín marcaron un terremoto político para el canciller alemán Friedrich Merz y su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU). Los sondeos a pie de urna revelaron un panorama desalentador para el gobierno: el avance de la ultraderecha y el colapso de su capacidad electoral en los estados del este.

La AfD arrasa en el noreste

El partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) se llevó la victoria en Mecklemburgo-Antepomerania con entre 37% y 38% de los votos, arrebatando el territorio al Partido Socialdemócrata (SPD), que alcanzó 35,5% a 36,5%. La debacle de la CDU fue aún más profunda: cayó 7,8 puntos respecto a los comicios anteriores, quedándose en apenas 5% a 5,5%.

El propio Merz reconoció sin vueltas la magnitud del fracaso. "El resultado en Mecklemburgo-Antepomerania no podemos maquillarlo. Es un desastre", admitió en la sede berlinesa de su partido. Aunque atribuyó parte de la caída a factores económicos y al clima social más polarizado en la región, rechazó renunciar a su cargo.

Berlín vira hacia la izquierda poscomunista

En la capital, La Izquierda (partido heredero de la antigua Alemania del Este) obtuvo su mejor resultado en décadas, llegando a 24,5% a 26%, duplicando su apoyo respecto a 2023. La CDU quedó segunda con 20%, mientras que la AfD sacó 13,5% a 16%.

Se trata de un quiebre histórico: desde la reunificación alemana, CDU y SPD habían dominado siempre las preferencias de Berlín. Ahora, La Izquierda ganó y su candidata, Elif Eralp, aspira a ser la primera alcaldesa de la formación. Sin embargo, necesitará negociar una coalición con Los Verdes y el SPD para gobernar.

Esta es la segunda victoria regional consecutiva de la AfD en apenas dos semanas, tras su arrollador triunfo en Sajonia-Anhalt hace poco. Para Merz, los números empeoran además por otra cifra alarmante: ostenta la aprobación más baja de cualquier canciller alemán desde la fundación de la República Federal, con solo 10% de apoyo público.