Grecia e Israel cerraron esta semana un acuerdo militar de 3.000 millones de euros conocido como "Escudo de Aquiles". Para el gobierno ateniense, representa la mayor modernización defensiva de su historia. El sistema, que podría estar operativo en dos años y medio, combina capacidades griegas con tecnología de defensa israelí de última generación.

Tres sistemas clave en la defensa aérea

La estructura defensiva se sostiene en tres pilares tecnológicos. El David's Sling intercepta misiles balísticos y de crucero entre 40 y 300 kilómetros de distancia. El Spyder cubre amenazas de baja altitud: drones y aeronaves. El Barak MX neutraliza cazas y misiles con diferentes interceptores. El paquete incluye además radares de vigilancia aérea, un centro de mando potenciado por inteligencia artificial y sistemas anticaída de drones por 26 millones de euros adicionales.

Esta adquisición forma parte de un plan más amplio de Grecia. Atenas destinará cerca de 28.000 millones de euros hasta 2036 para renovar sus fuerzas armadas, incluida la compra de 40 aviones de combate F-35 a Estados Unidos y fragatas a Francia e Italia. El objetivo es lograr que toda la nueva tecnología sea interoperable con su arsenal actual, que incluye aviones Rafale y F-16 Viper.

La reacción de Turquía y la UE

El acuerdo genera tensiones políticas en dos frentes. Turquía ya criticó públicamente el pacto, preocupada por el nuevo equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo. Las primeras fases del sistema se desplegarán en el Mar Egeo, zona de histórica disputa territorial entre Grecia y Ankara. Los análisis señalan que este escudo defensivo altera significativamente la capacidad aérea regional.

En Bruselas, el silencio es incómodo. Funcionarios comunitarios consultados expresan cautela: un acuerdo de esta magnitud aumenta las dependencias militares con terceros países, algo que la Unión Europea intenta evitar. Las relaciones entre la UE e Israel ya están tensionadas por la ofensiva en Gaza.