Marruecos colocó la disputa del Sáhara como eje central de su discurso ante la Asamblea General de la ONU esta semana. El ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, describió el conflicto como un proceso que ya transita un camino sin retorno hacia una solución basada en la autonomía bajo soberanía marroquí, sin hacer referencia a tensiones bilaterales con España ni a la crisis migratoria.
La intervención marroquí llegó pocas horas después de que Pedro Sánchez admitiera públicamente que el sistema de control de frontera de Rabat "falló" durante el flujo masivo de migrantes del 30 de julio. El presidente español afirmó desde Nueva York que el Ejecutivo considera "evidente" que el dispositivo marroquí no funcionó y reclamó explicaciones y acciones para prevenir nuevos episodios.
El punto de quiebre que Marruecos señala
Bourita tomó como punto de inflexión la resolución 2797 del Consejo de Seguridad aprobada en octubre de 2025. Según su argumentación, desde entonces la disputa regional ingresó en una fase irreversible que rompería con el pasado y abriría camino a una resolución definitiva. El canciller insistió en que no hay solución viable fuera del marco autonómico bajo soberanía marroquí y rechazó el mantenimiento del estado actual.
También cuestionó la "credibilidad" de quienes, en su opinión, incumplen el alto el fuego y rechazan respetar la resolución de Naciones Unidas. Enfatizó que los principios marroquí no admiten interpretaciones alternativas ni lecturas entre líneas.
Otros temas en la agenda marroquí
La situación de los saharauis en los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia, ocupó espacio importante. Bourita denunció lo que calificó como un mantenimiento de esa población "como rehenes durante medio siglo" y violación del derecho internacional y humanitario.
Fuera del Sáhara, Marruecos abordó temas como grupos armados no estatales, la situación en Palestina e Israel, y confirmó su participación desde julio en una fuerza internacional de estabilización en Gaza.