En Dongsheng, región de Mongolia Interior en China, existe un paisaje inusual: a pocos metros de donde funcionan las excavadoras de la mina de carbón Minda —la mayor a cielo abierto del distrito— crecen hileras de invernaderos repletos de verduras. No es coincidencia. Las autoridades locales impulsan un plan para recuperar las zonas devastadas por la minería y reutilizarlas en agricultura.
Del pozo a la cosecha
La transformación no ocurre de la noche a la mañana. Antes de que cualquier semilla toque el suelo, comienza un proceso de reconstrucción. El material que se extrae durante la explotación se clasifica para separar las piedras grandes. Luego se deposita una capa de aproximadamente 60 centímetros de tierra recuperada, apta para el cultivo.
El siguiente paso requiere restaurar la fertilidad del terreno. Se incorpora materia orgánica como paja y estiércol fermentado para regenerar las propiedades del suelo. Al mismo tiempo, debe garantizarse un sistema de riego suficiente para mantener las plantaciones. La tarea combina ingeniería con agronomía.
Escala y alcance del proyecto
Lo que sucede en Minda no es un caso aislado. En Ordos —la ciudad que engloba a Dongsheng— las autoridades registraban en 2025 un total de 39 iniciativas de agricultura y ganadería ecológicas vinculadas específicamente a la recuperación de terrenos mineros. Además de estos proyectos agrícolas, las superficies liberadas se destinan también a otros usos: parques y plantas de energía solar fotovoltaica.
Este enfoque permite aprovechar terrenos que de otro modo permanecerían improductivos, transformando un legado de degradación en una oportunidad para generar alimento y energía renovable en paralelo a la actividad extractiva que aún continúa en la región.