Al comprar brócoli, dos aspectos básicos separan una verdura fresca de otra que se echará a perder en días. El color y la estructura de la pieza son los indicadores principales.
Qué buscar en la copa
La cabeza del brócoli está formada por cientos de botones florales cerrados. Elegí piezas con un verde oscuro e intenso en toda la copa. Descartá cualquiera que muestre tonos amarillos o flores abiertas. Ese color indica que la maduración avanzó demasiado o que hace muchos días fue cosechada. El resultado es una pérdida rápida de hidratación que luego se nota en la cocina: sabor amargo y textura leñosa o blanda.
Los floretes deben estar muy apretados, firmes y unidos entre sí, sin espacios flojos. Si notás huecos o separaciones, el brócoli ya comenzó a deteriorarse.
Tallo y aroma
Observá también el tallo. Tiene que sentirse rígido y tierno al tacto. Evitá los que se noten flexibles, blandos o con la base seca y agrietada.
Un último detalle: el olor. Un brócoli en buen estado tiene aroma fresco y prácticamente neutro. Si huele fuerte o azufrado, está empezando a descomponerse.
Una vez en casa, el error más común es lavar el brócoli antes de guardarlo. No lo hagas. Guardalo seco en la heladera y lavalo solo justo antes de cocinar. La humedad acelera el deterioro.