En junio de 2025, un adolescente cordobés recibió un riñón de su padre en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba. Lo inusual no fue solo el trasplante entre familiares, sino la técnica: la implantación se realizó con el robot quirúrgico Da Vinci. Después de nueve meses en diálisis, el joven marcó un antes y un después en el uso de cirugía robótica para trasplantes renales de donante vivo en ese centro.
Un robot que ve más y tiembla menos
El Da Vinci funciona como una consola con mandos y pedales que controlan grandes brazos robóticos. El cirujano no toca directamente al paciente, sino que maneja los movimientos desde la máquina. La diferencia visual es decisiva: la óptica amplifica hasta 40 veces, permitiendo ver vasos de un milímetro de diámetro con claridad extrema. Además, la visión es tridimensional y los movimientos son ultraprecisos porque el temblor natural de la mano no se transmite a los instrumentos.
El hospital incorporó su primer sistema Da Vinci en 2018. Tres años después, agregó una segunda máquina. Desde entonces, miles de intervenciones han pasado por estos sistemas en urología, cirugía general, ginecología, torácica, otorrinolaringología y cirugía pediátrica.
Los quirófanos inteligentes integran toda la información
La innovación no termina en el robot. El hospital desarrolló lo que llama "quirófanos inteligentes": espacios donde toda la tecnología está integrada en el proceso quirúrgico. El cirujano dispone de imágenes previas del paciente, sistemas de navegación 3D en tiempo real y planificación de equipos sin necesidad de mirar pantallas externas. La anatomía aparece superpuesta en el campo de visión, permitiendo comparar lo que ve directamente con modelos previos. Incluso, algunos quirófanos incluyen música como elemento de humanización.
Detrás de cada intervención hay un equipo completo: cirujanos, anestesistas, enfermeras, auxiliares, celadores y personal de limpieza. El robot es una herramienta más, pero exige que todos los profesionales tengan formación específica en tecnología robótica. Las enfermeras de quirófano, en particular, han señalado la necesidad de una especialización formal que actualmente no existe en el sistema.