En 1972, el ingeniero Jack Curtis de Signetics —una empresa fabricante de circuitos integrados— tuvo una idea brillantemente absurda: crear una memoria donde se pudiera escribir datos pero nunca leerlos. Era la inversión exacta de la ROM (Read-Only Memory), que sólo permite leer. Curtis redactó las especificaciones falsas de la Signetics 25120 9046×N, baptizada Random Access Write-Only Memory, y las incluyó en el catálogo oficial de la empresa.

Lo inusual ocurrió cuando los pedidos comenzaron a llegar. En lugar de hacer públicos los detalles de la broma, Signetics decidió llevarla más lejos. El 1 de abril de 1973 —Día de Inocentes en países anglosajones— la empresa publicó un comunicado de prensa presentando el producto como un avance tecnológico genuino.

Detalles que solo los observadores atentos podrían detectar

La documentación técnica parecía auténtica, pero contenía guiños imposibles de ignorar para quien quisiera verlos: una línea de autodestrucción, un grifo goteante en el diagrama y un conector para "posponer" una supuesta alarma, como si fuese un despertador integrado.

El éxito de la broma fue tal que otras empresas tecnológicas decidieron sumarse al chiste. Apple recuperó el concepto años después en el manual del Apple IIe de 1982, esta vez atribuyendo la invención a un ficticio "profesor Homberg T. Farnsfarfle". La ironía del producto alcanzaba nuevas alturas: Apple sugería que la WOM era ideal para almacenar grandes volúmenes de información gubernamental, garantizando que nadie pudiera acceder a ella nuevamente.

Lo curioso es que esta broma quedó registrada en la historia de la informática como un hito genuino. Décadas después, aparece en documentos técnicos y en la memoria colectiva de ingenieros y estudiantes de computación como un ejemplo legendario de cómo el humor puede colarse en espacios inesperados, dejando una marca que trasciende el contexto original de la burla.