Investigadores de Penn State University pusieron a prueba varios modelos de inteligencia artificial con un escenario común en los hospitales: decidir quién recibe un trasplante de riñón cuando hay un solo órgano disponible y dos pacientes necesitados. Los resultados, presentados en FAccT 2026, revelan diferencias importantes en los criterios que cada una de las partes utiliza para resolver este tipo de dilemas.

El equipo científico enfrentó a los modelos de IA con perfiles de pacientes que incluían edad, estado de salud, responsabilidades familiares y consumo de alcohol. Luego compararon las decisiones de la máquina con las del personal médico frente a los mismos casos hipotéticos.

Qué prioriza cada uno

La diferencia más notable apareció en los factores considerados clave. Los modelos de inteligencia artificial se enfocaron especialmente en los hábitos de consumo de alcohol, mientras que los médicos dieron mayor peso a la edad del paciente. Esto muestra que ambos sistemas priorizan información muy distinta al evaluar una situación idéntica.

Otra brecha significativa surgió en la forma de manejar la incertidumbre. Los modelos de IA tienden a ser más definidos en sus respuestas, incluso cuando la elección es compleja. Los médicos, en cambio, reconocen la ambigüedad del problema y a menudo identifican que ambos pacientes podrían ser opciones válidas.

John Dickerson, director ejecutivo de Mozilla.ai y colaborador del estudio, explicó el origen de esta diferencia: cuando se asignan recursos escasos, no siempre existe una única respuesta objetivamente correcta. Los humanos aceptan esa realidad y la procesan mediante debate abierto. Los modelos de IA, en general, no lo hacen.

¿Decisiones o recomendaciones?

Por ahora, la inteligencia artificial en hospitales cumple roles limitados: análisis, predicciones y apoyo diagnóstico. No participa en decisiones finales. El estudio plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurriría si la IA comenzara a influir en elecciones tan críticas como la asignación de órganos?

Para Hadi Hosseini, director del estudio, los riesgos éticos son inevitables. Las decisiones sobre trasplantes determinan directamente quién vive y quién muere. Por eso, definir el rol de la IA en estos procesos no es un detalle técnico: es una obligación moral que requiere reflexión profunda.