Hace 45 millones de años, un cocodrilo de hocico largo nadaba en aguas cálidas y someras que cubrían el norte de Egipto. Cuando murió, sus huesos se hundieron en la caliza donde reposaron durante millones de años. Esa misma piedra sería extraída milenios después por los antiguos egipcios para tallar la Gran Esfinge de Guiza.
Ahora, un equipo internacional acaba de identificar ese fósil como una especie completamente nueva para la ciencia. El reptil extinto recibió el nombre de Herugavialis cairensis y aparece descrito en un estudio publicado en Royal Society Open Science el 7 de octubre de 2026.
Un nombre que rinde homenaje a la Esfinge
La elección del nombre no fue al azar. El cráneo recuperado carece de la punta del hocico, una coincidencia que los investigadores no pasaron por alto: la Gran Esfinge también está mutilada en esa zona. Por eso decidieron nombrar al cocodrilo en honor a Heru, una deidad egipcia que posiblemente inspiró el monumento icónico.
"Dada esta coincidencia con la famosa nariz que falta a la Gran Esfinge, decidimos nombrar al nuevo cocodrilo en honor al dios egipcio Heru", explicó Philip Mannion, paleontólogo del University College London que codirigió el estudio, según comunicó el Museo Sueco de Historia Natural.
Una confusión que duró casi un siglo
Los fósiles fueron recuperados en la década de 1920 de la Formación Mokattam de Egipto. Entre ellos había un cráneo casi completo. En ese momento, los científicos los clasificaron como pertenecientes al género Tomistoma, el mismo del falso gavial actual. La similitud visual era suficiente para la época, pero esa etiqueta se mantuvo durante décadas sin cuestionamiento serio.
Sin embargo, análisis posteriores nunca lograron ponerse de acuerdo sobre dónde ubicar este animal en la familia genealógica de los gaviales. El nuevo trabajo, desarrollado por investigadores del Reino Unido y Suecia, finalmente esclarece la cuestión: se trataba de una especie distinta que merecía su propia clasificación científica.