Un problema matemático aparentemente simple llevó casi una década y media de investigación: cómo hacer que cinco jugadores lancen un dado cada uno y determinen su orden de turno de forma perfectamente justa, sin empates ni ventajas ocultas.

Eric Harshbarger, profesor de matemáticas en la Universidad de Auburn y diseñador de juegos, comenzó a investigar este tema en 2010 junto con Robert Ford. Años después, con la colaboración del informático canadiense Paul Meyer, llegaron a la solución. El trabajo requería encontrar dados con caras desiguales pero que distribuyeran las probabilidades de manera que cada jugador tuviera exactamente las mismas chances de ganar.

Cómo funciona con pocos jugadores

Con dos jugadores es directo: basta un dado de dos caras para cada uno. Un jugador puede tener {1, 4} y el otro {2, 3}. Al lanzar ambos, hay cuatro combinaciones posibles, y cada jugador gana exactamente dos. Nunca hay empate, así que cada uno tiene probabilidad 50% de comenzar.

Cuando suben a tres jugadores, la complejidad crece. Existen seis órdenes posibles diferentes. Una solución usa dados de seis caras: A={1,5,10,11,13,17}, B={3,4,7,12,15,16}, C={2,6,8,9,14,18}. Con 216 combinaciones totales, cada orden debería aparecer exactamente 36 veces para ser totalmente justo.

Más jugadores, más complejidad

El desafío es que no se trata simplemente de "todos tienen las mismas chances de sacar el número más alto". Cuando hay múltiples jugadores, hay que garantizar que cada una de las posibles ordenaciones finales sea igualmente probable. Esto obliga a construir dados con números estratégicamente distribuidos, algo muy diferente a los cubos estándar.

La investigación de Harshbarger, Ford y Meyer demuestra que estos dados desiguales pero justos existen para cualquier número de jugadores. El hallazgo resuelve un interrogante que quedó abierto durante años y ofrece una alternativa elegante a los métodos tradicionales para decidir quién comienza una partida.