Un estudio publicado en Nature Communications cuestiona la visión tradicional sobre cómo funcionaba el transporte en el Imperio Romano. Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona analizaron por primera vez de forma cuantitativa la primera red de transporte continental usando datos del proyecto Itiner-e, que reúne el mapa digital más completo de las calzadas romanas.
Los resultados sorprenden: la red viaria romana no estaba tan centralizada en torno a Roma como se suponía. De hecho, la propia Roma ocupaba una posición más periférica en la movilidad imperial que Bizancio. Esto sugiere que el imperio funcionaba con un modelo más descentralizado, donde las capitales provinciales actuaban como nodos clave articulando las comunicaciones regionales.
Mitos sobre las carreteras romanas
El estudio también disipa otro mito clásico: que las calzadas romanas eran uniformemente rectas. En realidad, se adaptaban a la topografía local. Sin embargo, los ingenieros romanos lograron evitar pendientes muy pronunciadas mediante puentes, excavaciones y terrazas, permitiendo que los carros impulsados por animales circularan sin dificultad. Mantuvieron pendientes por debajo del 16%, mostrando menos dependencia del terreno que las carreteras modernas.
Legado que perdura
Lo más notable es cómo este sistema antiguo moldeó el futuro. El análisis demuestra una correlación directa entre el trazado de las calzadas romanas y la red viaria moderna. Las rutas que los romanos establecieron hace casi dos mil años continuaron siendo los ejes del transporte hasta que la Revolución Industrial transformó las infraestructuras. La huella romana, en resumen, fue mucho más que un logro de ingeniería: definió cómo nos movemos hoy.