La sonda Hera de la Agencia Espacial Europea (ESA) inició ayer una maniobra de frenado de 93 minutos para no rebasarse en su camino hacia el sistema de asteroides Dídimo y Dimorfo. La operación se completó sin inconvenientes y marca un hito crucial en una misión que lleva años en desarrollo.
Hera viaja con el objetivo de estudiar y analizar en detalle el efecto de un impacto controlado sobre un asteroide. En septiembre de 2022, la NASA envió la sonda DART directamente contra Dimorfo, el asteroide más pequeño del sistema binario, con el propósito de verificar si una colisión lo suficientemente potente puede alterar la trayectoria de un cuerpo celeste. Los resultados de ese experimento son cruciales para entender si el impacto directo funciona como método de defensa planetaria.
Por qué importa esto ahora
La posibilidad de desviar asteroides mediante impacto es una de las estrategias que los científicos consideran para proteger la Tierra de una colisión futura con objetos peligrosos. Aunque Dimorfo no representaba amenaza alguna, su tamaño y características lo hacían ideal para este experimento controlado. Hera llegará al sistema binario para medir los cambios exactos que causó el impacto de DART en la órbita y estructura de Dimorfo.
Una misión con historia larga
El proyecto Hera se ha gestado desde 2004, pero diversos factores, incluida la financiación, retrasaron su implementación. Idealmente, la sonda debería haber llegado antes que DART para servir como testigo del impacto, pero los calendarios no lo permitieron. Aun así, los datos que recolecte durante su órbita alrededor del sistema serán complementarios a la información que DART ya proporcionó.