Las esponjas marinas tienen un método sorprendente para alimentar a sus embriones: consumen sus propias bacterias simbiontes. Este mecanismo, ignorado hasta ahora, fue identificado en la especie Halichondria panicea por un equipo internacional liderado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales en España. El trabajo se publicó en la revista Microbiome.

Para llegar a esta conclusión, los científicos utilizaron microscopía electrónica, secuenciación genética y análisis de comunidades microbianas durante el ciclo reproductivo de la esponja. Las imágenes muestran cómo células especiales capturan y digieren bacterias Candidatus Halichondribacter symbioticus ubicadas cerca de los embriones en desarrollo.

Una relación más compleja que la simbiosis

Lo que diferencia este hallazgo de la simbiosis tradicional (una asociación de mutuo beneficio) es el destino de los microbios. Durante la reproducción, la esponja activa genes relacionados con la respuesta inmune y la digestión de microorganismos, lo que demuestra que está metabolizando activamente estas bacterias como nutrientes. A medida que los embriones se desarrollan, la población de bacterias simbiontes disminuye significativamente.

Los investigadores señalan que este descubrimiento en esponjas es particularmente relevante porque estos animales están entre los más antiguos que existen. Esto sugiere que el uso de microbios simbiontes como fuente nutricional durante el desarrollo podría ser una estrategia evolutiva muy antigua, presente desde las etapas iniciales de la vida animal compleja.

Implicaciones para otros organismos

El estudio abre nuevas líneas de investigación sobre cómo los microbiomas interactúan con animales más complejos, incluida nuestra propia especie. Entender estas relaciones es fundamental para comprender la salud humana, los ecosistemas y los sistemas agrícolas, todos dependientes de microbiomas funcionales.