Entre 1949 y 1957, el Observatorio Palomar en San Diego capturó fenómenos luminosos inusuales en sus placas fotográficas: puntos que brillaban como estrellas en una imagen pero desaparecían en la siguiente, a veces en menos de 50 minutos. Estos eventos ocurrieron cuando ni siquiera existían satélites artificiales en órbita, lo que descarta explicaciones de interferencia tecnológica moderna.

Un equipo de astrónomos liderado por Stephen Bruehl y Beatriz Villarroel analizó miles de estos eventos registrados en el proyecto VASCO, que ha reunido más de 100.000 candidatos de este tipo. Publicaron sus hallazgos en la revista Nature.

Pruebas nucleares y anomalías en el cielo

Los investigadores cruzaron estos fenómenos transitorios con datos de pruebas nucleares atmosféricas realizadas durante la Guerra Fría, analizando un período de más de 2.700 días. El resultado estadístico fue revelador: había 45% más probabilidad de detectar estos eventos luminosos en fechas cercanas a pruebas atómicas, con la máxima concentración al día siguiente de cada detonación, donde la probabilidad aumentaba un 68%.

Los astrónomos también compararon los registros con informes de avistamientos de ovnis documentados en la época. La correlación sugiere que al menos parte de estos avistamientos reportados podría haber estado vinculada a los destellos causados por las explosiones nucleares atmosféricas.

Un misterio con explicación histórica

Este trabajo ofrece una perspectiva científica sobre fenómenos que capturaron la imaginación popular durante décadas. Las pruebas nucleares atmosféricas de ese período dejaron registros visuales inesperados en los datos astronómicos, y muchos de los eventos que causaban curiosidad podrían explicarse por esa actividad experimental de la Guerra Fría.

El estudio demuestra cómo el análisis estadístico riguroso de datos históricos puede revelar conexiones insospechadas entre eventos aparentemente desconectados, ofreciendo respuestas científicas a misterios que permanecieron sin explicación durante años.