Margaret Hamilton, ingeniera informática que fue clave en la carrera espacial estadounidense, murió el 30 de septiembre a los 90 años. Su trayectoria profesional redefinió lo que era posible en programación cuando la disciplina apenas era reconocida como profesión.
Nacida el 17 de agosto de 1936, Hamilton se licenció en Matemáticas en 1958 y simultáneamente en Filosofía. Su plan inicial era dedicarse a las matemáticas abstractas, pero en 1959 se mudó a Boston con su familia y comenzó a trabajar en proyectos de programación en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).
Pionera en el análisis del caos
En el MIT colaboró con el profesor Edward N. Lorenz en el desarrollo de software para predicción meteorológica usando una computadora Librascope General Precision LGP-30. Este trabajo fue fundamental: los datos que generaban sus programas permitieron a Lorenz sentar las bases de lo que hoy se conoce como teoría del caos en física.
Cuatro años después, en 1963, Hamilton recibió la oportunidad que definiría su legado. El MIT obtuvo el contrato de la NASA para desarrollar el software del programa Apolo. Hamilton se integró al proyecto, donde no solo escribía código para que los ordenadores realizaran sus funciones básicas, como calcular la posición de las naves, sino que fue mucho más allá.
Madre de la ingeniería del software
Durante su trabajo en Apolo, Hamilton acuñó el término "ingeniería del software" para describir su disciplina, que entonces era completamente nueva. Su aporte fue revolucionario: desarrolló métodos rigorosos de programación que permitieron que los sistemas funcionaran de manera confiable en condiciones extremas. El mundo la reconoce como pionera fundacional en una profesión que hoy mueve la tecnología global.
Su contribución fue tan significativa que en 2016 recibió la Medalla de la Libertad, la más alta distinción civil de Estados Unidos.