En 1869, la apertura del canal de Suez conectó dos mundos acuáticos. La ruta más corta entre Europa y Asia trajo consigo más que barcos: transportó especies que nunca debieron llegar. Una de ellas es la ostra perlífera tropical Pinctada radiata, que hoy se reconoce como la primera especie invasora documentada en el Mediterráneo.
Pasaron 147 años antes de que los científicos detectaran su llegada a España. En 2016, la encontraron en Baleares. Desde entonces, se ha expandido hacia la península: la presencia de la ostra se rastrea hasta Agua Amarga, en Almería, aunque por ahora sin asentamientos permanentes más allá de esa zona.
Una red de vigilancia sigue su avance
Investigadores del CSIC monitorean el movimiento de esta ostra a través de 132 puntos de muestreo distribuidos en ocho países mediterráneos: Argelia, Croacia, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Eslovenia y España. Entre 2015 y 2024 documentaron nuevas colonizaciones, principalmente en el Mediterráneo occidental.
La importancia de vigilarla no es casual. La Pinctada radiata está clasificada entre las 100 especies invasoras más peligrosas del Mediterráneo. En las aguas orientales, donde se estableció primero, ya desplazó a las especies nativas y alteró la cadena alimentaria marina. El miedo es que repita este patrón hacia el oeste.
Herramientas simples para frenarla
No todo es amenaza. El Mediterráneo occidental cuenta con un sistema de detección temprana que tiene una ventaja: es simple y económico. Se trata de mallas especiales diseñadas para identificar las larvas de esta ostra antes de que se establezcan. Este tipo de tecnología de bajo costo permite actuar rápido, antes de que la invasión se consolide.