Las universidades estadounidenses están detectando un problema generalizado: sus estudiantes no leen al nivel esperado para la educación superior. Profesores reportan que los jóvenes de la Generación Z tienen dificultades para completar listas de lecturas obligatorias y, más preocupante aún, no logran comprender oraciones complejas.
Jessica Hooten Wilson, profesora de la Pepperdine University, describe la situación de forma directa: el obstáculo ya no es solo la incapacidad para analizar de manera crítica, sino la dificultad básica para leer. Esto representa un cambio respecto a décadas anteriores, cuando se hablaba de una juventud cada vez más preparada y con mayores índices de acceso universitario.
Pantallas versus libros: el cambio de décadas
Los especialistas atribuyen el fenómeno a años de exposición a dispositivos digitales combinados con el abandono progresivo de la lectura tradicional. Esto habría erosionado capacidades que se consideraban básicas en estudiantes universitarios.
Un profesor consultado en reportes sobre el tema explica que hace años asignaba entre 25 y 40 páginas de lectura entre clases. Hoy, esa misma cantidad genera rechazo entre sus alumnos actuales, quienes incluso recurren a herramientas de inteligencia artificial para generar resúmenes en lugar de leer los textos completos.
Consecuencias más allá del aula
El problema de comprensión lectora impacta en aspectos que van más allá del rendimiento académico. Estudios señalan una correlación entre la disminución en la capacidad de lectura y el aumento de ansiedad y soledad en jóvenes, aunque el vínculo causal sigue siendo objeto de investigación.
Lo que antes parecía una fortaleza generacional —mayor acceso a educación superior— convive ahora con una debilidad inesperada en habilidades fundamentales.