La buganvilla es una de las plantas más populares en balcones, terrazas y jardines de clima cálido. Sus flores intensas en tonos rosa, morado, blanco y naranja pueden cubrir paredes enteras durante los meses de calor, pero lograr esa floración exuberante depende de un cuidado particular: el riego.
El error más común: demasiada agua
Un equívoco frecuente es creer que esta planta necesita el sustrato constantemente húmedo. De hecho, el exceso de agua la perjudica. La buganvilla está naturalmente adaptada a climas cálidos, soleados y con períodos de sequía, por lo que requiere que el sustrato pierda parte de su humedad entre un riego y otro. Dejar que se seque parcialmente es precisamente lo que recomienda hacer.
Ajustar según la temporada y el lugar
Esto no significa abandonarla sin agua durante semanas. En primavera y verano, especialmente si está en una maceta expuesta al sol intenso durante muchas horas, necesitará riegos más frecuentes. La periodicidad y cantidad de agua dependen de factores concretos: la temperatura ambiental, el tamaño del recipiente y cuántas horas recibe luz solar directa.
El sustrato debe secar entre un aporte de agua y otro. Esto favorece una floración más generosa y evita problemas asociados con el encharcamiento, como el pudrimiento de raíces. Observar la planta y ajustar los riegos según lo que se vea es más útil que seguir un calendario fijo.