Hace décadas era común en las huertas de Murcia. Luego desapareció casi por completo. Ahora el tomate verdal vuelve, con el aval de un registro oficial que lo certifica como genuinamente murciano.

La Región de Murcia alberga alrededor de 200 variedades de tomates tradicionales, pero la mayoría enfrenta el mismo destino: el olvido. Mientras los obtentores vegetales desarrollan nuevas semillas y controlan su comercialización, las variedades antiguas sin valor de mercado se abandonan lentamente.

Cómo se rescata una variedad local

Desde 2013, el IMIDA (Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental) mantiene un banco de germoplasma dedicado a investigar, recopilar y conservar las principales especies hortofrutícolas de la región. Este trabajo de archivo genético permite documentar y preservar el patrimonio agrícola local, creando las condiciones para que variedades olvidadas vuelvan a estar disponibles.

Para que una variedad logre reconocimiento oficial, debe registrarse en el Centro Nacional de Recursos Fitogenéticos, un paso fundamental para acceder posteriormente al Banco Mundial de Semillas de Svalbard, donde se preservan muestras de biodiversidad agrícola.

Del archivo a la mesa

El caso del tomate verdal es especial: además de recuperarse en laboratorio, ahora trascendió a la cocina profesional. Su llegada a restaurantes de dos estrellas Michelin marca un punto de inflexión donde una variedad tradicional recuperada no solo sobrevive en un archivo, sino que regresa a la producción real.

La biodiversidad agrícola no es un lujo cultural. Cada variedad local es portadora de características genéticas únicas, adaptadas a territorios específicos, que pueden resultar valiosas para la resiliencia agrícola futura. El tomate verdal murciano es un recordatorio de que rescatar lo antiguo tiene tanto valor como inventar lo nuevo.