En Sevilla, con veranos donde el termómetro ronda los 40°C, los hosteleros tienen una obsesión comprensible: mantener la cerveza lo más fría posible. La Cervecería Arturo, un bar que funciona desde 1966, se ganó fama de tener las cañas más congeladas de toda la ciudad. El método no es secreto: depende de dos procedimientos básicos aplicados con disciplina.

Salmuera en los tanques

El primer truco es tan viejo como efectivo. Los depósitos de cerveza están sumergidos en agua con hielo y sal, la misma técnica que cualquiera puede usar en casa para enfriar bebidas rápidamente. La diferencia es que en este bar funciona de manera permanente, manteniendo el líquido en un estado cercano a la congelación constante. El establecimiento presume tanto de esta técnica que lo anuncia en su letrero: "tanque de salmuera".

Vasos que conservan el frío

El segundo componente del sistema es igual de importante. Los vasos que se usan —recipientes finos conocidos como "maceta", cada vez más populares en Andalucía para servir cañas— se guardan en la nevera a 1 grado de temperatura. Esa medida específica permite que el vidrio esté profundamente frío sin que llegue a formarse escarcha en su superficie.

La combinación de ambas prácticas genera un efecto simple pero contundente: cuando la cerveza llega al vaso, mantiene una temperatura extremadamente baja durante los minutos que toma bebérsela. En una ciudad donde el calor es constante durante meses, esa diferencia entre una caña tibia y otra helada cambia completamente la experiencia. Es la razón por la cual este bar lleva sesenta años siendo un referente entre quienes buscan la cerveza más fría de Sevilla.