En varias regiones de Alemania y Austria existe una costumbre que, en la práctica, equivale a sobornar a los niños para que vayan contentos a la escuela. Se llama schultüte —literalmente, "cucurucho escolar"— y es un cono de cartón de tamaño considerable repleto de golosinas y regalos que los padres entregan a sus hijos el primer día de clase.
El truco funciona porque hay una regla no escrita: los pequeños solo pueden abrir el cono una vez adentro de la escuela. Eso transforma la entrada al colegio en un momento deseado en lugar de temido.
De lo casero al comercial
Aunque la tradición es antigua, la forma de conseguir estos conos cambió con el tiempo. Hace años, los padres los armaban en casa de manera artesanal. Hoy, lo más común es comprar los schultüte ya fabricados e incluso prerrellenados en supermercados y grandes tiendas. Las cadenas comerciales ofrecen versiones para todos los gustos y suelen incluirlos en promociones de vuelta al cole: por cada compra de útiles escolares o libros de texto, regalan uno.
El tamaño es un dato importante: generalmente miden entre 60 centímetros y casi un metro de alto. La idea es que los niños apenas logren cargarlo con ambas manos. Esto permite que se tomen fotos sosteniendo el cono, una práctica que forma parte del ritual del "einschulung" (primer día de clases oficial a los seis años, equivalente al primer curso de Primaria español).
Una postal de la infancia
Para las familias alemanas y austriacas, esa fotografía con el schultüte es un recuerdo fundamental. La imagen suele terminar en los álbumes familiares y marca un hito en la biografía del niño, simbolizando el paso hacia una etapa nueva. Lo interesante es que una solución tan simple —premiar con golosinas— se convirtió en un rito social que trasciende el mero soborno infantil para transformarse en una marca de identidad cultural.