En los clubes más selectos de Granada y otras ciudades españolas durante los años treinta funcionaba un mecanismo inusual para admitir nuevos socios: la votación con bolas blancas y negras. Era un procedimiento que permitía incluir o excluir a un candidato sin que se revelara quién había votado en contra.
Cómo funcionaba el sistema
Cada socio disponía de una bola blanca, que significaba aceptación, y otra negra, que expresaba rechazo. Depositaba su voto en una urna opaca, y algunas de estas urnas tenían dispositivos internos —telas o tubos— que impedían ver qué bola introducía cada participante. Al finalizar la votación se contabilizaban los resultados, que se hacían públicos, pero nadie podía identificar quién había rechazado al candidato.
Lo particular de este sistema era que en muchos casos una única bola negra bastaba para vetar a alguien, independientemente de cuántos votos de aprobación hubiera recibido. Los reglamentos de admisión podían establecer umbrales muy bajos de rechazo, lo que convertía el voto contrario en especialmente poderoso.
Criterios de exclusión
La exclusión podía responder a distintos motivos: la procedencia social, las ideas políticas, la profesión, la orientación sexual o simplemente la percepción de que el candidato no encajaba con la comunidad. En estos espacios de poder, los socios ejercían un control absoluto sobre quién formaba parte de su círculo.
Este ritual histórico inspiró a Federico García Lorca, quien escribió una obra inacabada que narraba el rechazo de un joven en un casino granadino. Ese texto literario ahora da nombre a una película dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi que se estrenó en cines españoles en septiembre de 2026, premiada en festivales internacionales y seleccionada para representar a España en los Óscar de 2027.