En la geografía de los dulces españoles hay pastas, rosquillas y elaboraciones a base de harina, almendra y azúcar que han acompañado las meriendas de generaciones enteras. Algunas de esas recetas persisten sin cambios. Otras desaparecieron. Los alciturrianos, un dulce de Santander, vivieron esta última historia y lograron regresar.
Nacimiento de una receta familiar
El origen del alciturriano se remonta a 1950. Víctor Alciturri era maestro pastelero en Santander. En el obrador familiar comenzó a experimentar hasta crear una pasta nueva que decidió nombrar con su propio apellido. La apuesta funcionó. Los alciturrianos se popularizaron en la región y se convirtieron en un clásico local muy apreciado durante varios años, aunque siguieron siendo un dulce prácticamente desconocido fuera de Cantabria.
La desaparición y el regreso
El tiempo trajo cambios. Cuando el padre de Víctor se jubiló, la pastelería cerró sus puertas y los alciturrianos desaparecieron con ella. Podría haber quedado como un simple recuerdo de quienes alguna vez los probaron. Pero en 2001, Víctor decidió recuperarlos. A diferencia de muchas otras recuperaciones de recetas clásicas que buscan modernizar o innovar, los alciturrianos volvieron exactamente como nacieron: sin adornos, sin cambios en la fórmula, manteniendo íntegramente la receta original de los años 50.
Esta permanencia intacta de la receta es lo que distingue a este dulce en un contexto donde los escaparates se llenan de elaboraciones nuevas, chocolates coloridos y cremas sofisticadas que buscan constantemente captar la atención. Los alciturrianos, en cambio, permanecen ajenos a esas tendencias, anclados en su simplicidad y en su método artesanal.