Fabià Sintes afronta su debut en la UFC este sábado en París ante Michael Aljarouj. El menorquín de 32 años se convierte así en el quinto español en competir en la máxima categoría de las artes marciales mixtas. Su trayectoria hasta aquí expone la realidad de muchos deportistas que luchan contra el tiempo y la precariedad económica antes de alcanzar el reconocimiento profesional.

Del fútbol a la jaula

Sintes comenzó como futbolista en Barcelona, pero descubrió las artes marciales mixtas en el gimnasio MMA Barcelona y cambió de rumbo. Allí conoció a Ignacio Capella, quien se convirtió en su principal compañero de entrenamiento. Juntos regresaron a Menorca y fundaron el Levium Armorum Team, desde donde construyeron su carrera profesional.

Menorca, su hogar, también fue un obstáculo: la isla carece de tradición en MMA. Para prepararse adecuadamente, Sintes viajaba a Barcelona y otros puntos de España buscando mejores compañeros y sparrings. Barcelona se convirtió en su "segunda casa" durante nueve años de residencia.

Años de empleos precarios y el primer peleador profesional

Mientras perseguía sus sueños en las MMA, Sintes compaginaba entrenamientos con trabajos poco glamurosos: fue basurero, camarero y vigilante de seguridad en discotecas. En su primer combate profesional en 2019 cobró apenas 90 euros. La diferencia con su presente es radical: ahora sus contratos con la UFC oscilan entre 10.000 y 30.000 euros por pelea.

El quiebre llegó en 2024 cuando fichó por WOW, la promotora española. Un año después se consagró primer campeón del peso mosca de la compañía al derrotar al brasileño Davi Santos. Defendió ese cinturón en dos ocasiones con victorias por sumisión, un logro que resultó decisivo para atraer la atención de la UFC y conseguir su contrato.

Sintes presenta un récord de 11 victorias y 3 derrotas. Su debut en el octógono más famoso del deporte de combate marca el punto de quiebre entre una vida de sacrificio económico y el reconocimiento como atleta profesional de élite.