Casi la mitad de las futbolistas profesionales se plantea abandonar el deporte. Así lo indica un informe de FIFPRO, el sindicato mundial que representa a las jugadoras, basado en entrevistas a 791 deportistas de 40 países durante la temporada 2025-2026.
El estrés psicológico ocupa un lugar central en las razones para dejar el fútbol. Las jugadoras señalan que el crecimiento del deporte ha traído nuevas presiones: mayor carga de trabajo, acoso en redes sociales y falta de medidas de protección en los clubes. A esto se suma la dificultad de conciliar la carrera profesional con la vida personal.
Salarios bajos y contratos precarios
La inestabilidad financiera es otro factor clave. El salario medio global es de 2570 dólares mensuales (aproximadamente 2297 euros), cifra que varía según el país. En España, el salario mínimo en la pasada campaña fue de 1958 euros. Estos ingresos obligaron al 90% a completar la educación obligatoria y a más de la mitad a estudiar una carrera universitaria para tener alternativas de trabajo. Casi un tercio compagina el fútbol con otro empleo.
Los contratos son breves: en promedio duran apenas año y medio. Además, casi la mitad de las futbolistas no cuenta con plan de pensiones, lo que genera inseguridad financiera al término de una carrera que suele ser corta.
El lado positivo: avances en maternidad
El estudio documenta una tendencia positiva: mayor apoyo a la maternidad en los últimos años. Solo el 62% de las futbolistas se considera profesional, dato que refleja la realidad de precariedad del sector. Sin embargo, los ingresos mundiales del fútbol femenino se proyectan en 1000 millones de dólares para 2027, según estimaciones de Deloitte.
Alex Culvin, director de fútbol femenino de FIFPRO, señaló que aunque el deporte ha avanzado, "aún queda mucho por hacer". Destacó que garantizar condiciones laborales seguras y estables no solo beneficia a las jugadoras, sino que también mejora su rendimiento y fortalece el fútbol femenino en general. El documento subraya que este crecimiento no se ha distribuido equitativamente y que la precariedad persiste para la mayoría.