Francis Aguilera y Francisco González tenían un problema práctico: él trabajaba en carpintería y cristalería, ella en hostelería. Sus horarios no los dejaban verse. La solución llegó hace casi diez años, cuando decidieron tomar las riendas juntos y asumir la gestión de la Venta Mirabueno, un local en las carreteras de salida de Setenil en dirección a Cádiz. Lo que comenzó en julio de 2017 continúa hoy bajo el nombre de Mirabueno Casa de Comidas.

Un pueblo transformado por el turismo

Setenil de las Bodegas ha cambiado radicalmente en la última década. El pueblo, que ya recibía visitantes, experimentó un crecimiento extraordinario en flujo turístico. Las calles del Sol y de la Sombra, sus principales atractivos, ahora concentran diariamente a cientos de personas. Con ese aumento de visitantes llegó también la multiplicación de restaurantes, bares y alojamientos que alteraron la economía local.

Para una localidad de poco más de dos mil habitantes, este fenómeno tiene un lado positivo claro: el turismo generó actividad y empleo tanto para setenileños como para personas de municipios vecinos. Eso ayudó a frenar el temor histórico a la despoblación que caracteriza muchos pueblos pequeños españoles. El patrimonio histórico y cultural del lugar, sumado a una gastronomía cada vez más reconocida, funcionan como imanes que justifican la afluencia constante.

Contracorriente del ruido turístico

Mirabueno elige un camino distinto. Ubicada fuera del epicentro turístico, la casa de comidas funciona como refugio para quienes buscan comer lejos del bullicio de las calles céntricas. Su propuesta apunta a la cocina de proximidad, con la experiencia y el conocimiento del territorio que aporta Francisco desde sus años previos en el sector hostelero local.