Comer verduras sin acompañarlas de grasas es un error frecuente que reduce el aprovechamiento de sus nutrientes. Las hortalizas contienen vitaminas esenciales que el organismo no puede absorber por sí solo: necesitan un medio graso para funcionar.

Vitaminas que dependen de las grasas

Las vitaminas A, D, E y K son liposolubles, lo que significa que repelen el agua y solo se disuelven en presencia de lípidos. Sin ese contacto con grasas, el cuerpo no puede transportarlas ni utilizarlas para sus funciones vitales. Estas vitaminas intervienen en procesos clave: el funcionamiento del sistema inmunitario, la salud de los huesos y la coagulación de la sangre.

Además de las vitaminas, las verduras contienen sustancias antioxidantes como carotenoides —betacaroteno, luteína y licopeno del tomate—, que también se benefician del contacto con grasas para una mejor absorción.

Cómo aprovechar mejor los nutrientes

Los expertos en nutrición recomiendan consumir las verduras acompañadas de grasas de buena calidad. No se trata de agregarles grasas saturadas o ultraprocesadas: vale con un poco de aceite de oliva, frutos secos, semillas o aguacate. La cocción también favorece la asimilación de muchos nutrientes de las hortalizas, especialmente de los que dependen de las grasas.

Esta recomendación aparece en trabajos de referencia sobre nutrición y alimentación. El mensaje es claro: las verduras son más completas cuando se comen como parte de una comida más variada, no de forma aislada. Un enfoque simple que multiplica el valor nutritivo de lo que comemos.