La chirivía, también llamada pastinaca, es una raíz que experimenta un retorno a la cocina contemporánea después de siglos en el olvido. Visualmente se parece a la zanahoria, pero con una tonalidad más apagada y marrón. Su interior, en cambio, es blanco cremoso, lo que le da una apariencia distintiva una vez pelada.
Cada vez es más común encontrarla en los pasillos de verduras de supermercados y ferias, a menudo empaquetada con otras hortalizas para caldos o comercializada en bandejas individuales. Su reaparición responde a un creciente interés culinario por ingredientes tradicionales redescubiertos.
Nutrientes y sabor de la chirivía
Desde el punto de vista nutricional, supera a la zanahoria. Aporta vitaminas del grupo B, vitamina C y E, además de minerales como fósforo, potasio y magnesio. Este perfil la convierte en una opción interesante para dietas equilibradas.
Su sabor es lo que más distingue a la chirivía. Presenta notas anisadas, un matiz ligeramente picante y un carácter fresco que se percibe desde el inicio de la cocción. Esta complejidad la diferencia de otras raíces más neutras.
Una historia anterior a la patata
Antes de que la papa llegara desde América, la chirivía era una hortaliza habitual en Europa. Se preparaba cocida o asada, siendo un alimento de consumo frecuente desde tiempos antiguos. Su declive coincidió con la adopción masiva de la patata, que eventualmente dominó las despensas occidentales.
Hoy, mientras crece el interés por recuperar saberes culinarios antiguos y ampliar la variedad de verduras en la mesa, la chirivía regresa como una propuesta genuina con raíces profundas en la tradición gastronómica europea.