El Gordito de Triana es uno de esos bares que resisten al paso de los años en las entrañas de Sevilla. Lleva casi tres décadas funcionando en el barrio histórico, lejos de los circuitos turísticos saturados, ganándose una clientela leal de vecinos que vuelve una y otra vez. Los visitantes ocasionales también regresan en sus próximas visitas a la ciudad.

El secreto de su longevidad es simple: buena comida, buen precio, porciones generosas y ambiente de barrio. Ofrecen una variedad amplia de tapas típicas sevillanas con raciones que sorprenden por su tamaño. Todo a menos de cuatro euros. Las reseñas positivas acumuladas en distintas plataformas hablan por sí solas, aunque el establecimiento no depende de redes sociales para llenar mesas. Su fama viaja de boca en boca, como debe ser.

Un nombre con historia

El nombre del bar es un homenaje al cantaor Manuel Mas Pacheco, abuelo de los actuales dueños. Ese vínculo familiar se refleja en cada rincón del local: la decoración recupera elementos de la cultura sevillana y trianera, con cuadros, carteles y recuerdos que hacen de las paredes un archivo visual del barrio.

El espacio es alargado y reducido, típico de las bodeguitas sevillanas clásicas. La barra ocupa el lugar central, algunas mesas y sillas de madera completan el mobiliario funcional. No hay lujos ni pretensiones. Lo que abunda es calor humano, especialmente en las horas de mayor afluencia, cuando el lugar se llena de voces y movimiento.

Los dueños definen su filosofía en pocas palabras: intentan garantizar el mejor servicio para que los clientes se sientan cómodos. En tiempos donde muchos bares sacrifican ambiente por rentabilidad o pretensión, El Gordito de Triana sigue apostando por lo que funciona desde hace treinta años.