Copenhague es conocida por Noma y otros templos de la alta cocina nórdica. Pero en las calles de la capital danesa, lo que realmente genera entusiasmo es algo mucho más humilde: el BMO, abreviatura de "bolle med ost" (bollo con queso en danés).

Se trata de un montado que combina solo tres ingredientes: pan, queso y mantequilla salada. Tan simple como suena. A pesar de su aparente falta de pretensiones, el BMO generó tal pasión que ahora hay colas formadas frente a las panaderías que lo hacen bien, y existen rankings especializados para elegir dónde conseguir el mejor de la ciudad.

El pan, el protagonista oculto

Como solo hay tres elementos, la diferencia entre un BMO ordinario y uno excepcional radica principalmente en el pan. Aunque el snack se sirve en la mayoría de cafeterías, las panaderías son el verdadero campo de batalla donde los establecimientos compiten por ofrecer la mejor versión.

Una particularidad local: en muchos lugares no se sirve ya montado. En cambio, llega al cliente en un plato con cada componente separado para que lo arme a su gusto. Esta práctica permite que quien lo consume personalice las proporciones de queso y mantequilla según sus preferencias.

Accesible en precio, épico en importancia

El BMO ronda las 45 coronas danesas, equivalentes aproximadamente a 6 euros. Para un visitante español eso puede parecer caro para un bocadillo tan básico. Pero en Dinamarca, donde una media pinta de cerveza tiene ese mismo precio, es considerado un bocado económico y accesible.

Aunque el BMO se prepara en panaderías danesas desde hace décadas, su consagración como fenómeno gastronómico es más reciente. Lo que comenzó como una comida de conveniencia se transformó en un símbolo de la identidad culinaria local, un recordatorio de que no siempre hace falta complejidad para generar fascinación.