Las patatas asadas son una guarnición económica y versátil que acompaña casi cualquier plato principal. Pero conseguir que queden crujientes por fuera y tiernas por dentro presenta un desafío real en la cocina.

El problema de base es mantener un equilibrio: la patata necesita conservar su humedad interna para ser blanda, pero al mismo tiempo requiere una corteza crocante. Cuando se añade más aceite para lograrlo, el resultado suele ser el opuesto: patatas pesadas, excesivamente grasas y con un crujiente que desaparece rápidamente al enfriarse.

La solución del almidón de maíz

Varios chefs coinciden en un método alternativo que resuelve el problema sin sobrecargar de calorías el plato. El secreto está en usar almidón de maíz, también conocido como maicena, en lugar de incrementar la cantidad de aceite.

Este ingrediente cumple una función específica: reduce la humedad de la superficie de la patata, permitiendo que se dore y se vuelva crujiente sin necesidad de aceite adicional. La maicena absorbe la humedad exterior mientras mantiene intacta la estructura interna, lo que garantiza que el crujiente se mantenga incluso después de que el plato se enfríe.

Cómo aplicar el truco

El procedimiento es simple. Se recomienda añadir alrededor de dos cucharadas de almidón de maíz al preparar las patatas, distribuidas de manera uniforme. La cantidad exacta puede variar según el volumen de patatas, pero esta medida funciona como punto de partida.

Este método ofrece una ventaja adicional: reduce significativamente el contenido calórico final del plato sin sacrificar la calidad de la cocción. Las patatas quedan doradas, crocantes y apetitosas, manteniendo la estructura y el sabor que hacen de esta guarnición un clásico indispensable en la cocina.