La jalá es un pan trenzado tradicional de la cocina judía que brilla en las mesas del Sabbat y festividades como el Purim. Su nombre proviene de la transliteración al español de la palabra hebrea Challah, y su presencia es prácticamente obligatoria en estas ocasiones especiales.

Se trata de una masa enriquecida, similar a otras masas de panadería clásicas: tierna, esponjosa y con un toque dulzón suave. La corteza adquiere un color dorado intenso durante el horneado, mientras que la miga resulta blanda y aromática. Es fácil reconocerla si se la compara con un roscón de Reyes: ambas son masas ricas, húmedas y trabajadas con técnicas similares.

De la tradición europea a las cocinas modernas

Originaria de la tradición culinaria europea judía, la jalá ha trascendido sus límites religiosos. En Estados Unidos, pasteleros y aficionados a la panadería artesanal la adoptaron con entusiasmo, y actualmente forma parte de ese catálogo de panes que aparecen constantemente en series y películas estadounidenses.

El desafío de prepararla en casa

Aunque no es una receta imposible, tampoco resulta sencilla. La clave radica en desarrollar bien el gluten sin recurrir a exceso de harina. Para obtener buenos resultados, una amasadora de sobardera facilita enormemente el proceso. El verdadero desafío llega al dar forma: crear una trenza bonita y compacta que no se deshaga durante el horneado requiere algo de maña. Quien logre hacerlo obtendrá un pan vistoso que marca diferencia en cualquier mesa.