Jarritos es uno de los mayores exponentes de cómo una marca mexicana logra trascender fronteras. Con más de 70 años de trayectoria, el refresco que comenzó como un proyecto fallido se posicionó primero en el mercado interno y luego conquistó mercados internacionales, incluyendo países asiáticos como Corea.
Del café carbonatado a los sabores frutales
El origen de Jarritos se remonta a la década de 1950, cuando Francisco "El Güero" Hill Ávalos decidió experimentar con un refresco de café carbonatado. Como muchas iniciativas empresariales, este primer intento no resultó según lo planeado. Sin embargo, en lugar de abandonar el proyecto, Hill Ávalos pivoteó hacia otros sabores, eligiendo explorar opciones frutales. La mandarina fue el primer sabor que lanzó al mercado, sentando las bases de lo que sería una línea de productos exitosa.
El nombre "Jarritos" proviene de las tradicionales jarras de barro mexicanas, aquellos recipientes de cerámica utilizados históricamente para mantener las bebidas frías. En sus primeros años, los productos carecían de etiquetas formales: los consumidores distinguían cada sabor únicamente por el color del líquido en la botella.
De Jalisco al mundo
Desde su creación como marca originaria de Jalisco, Jarritos expandió gradualmente su portafolio de sabores y consolidó su dominio en México. En 1983, un punto de inflexión empresarial: Embotelladora Mexicana S.A. de C.V., subsidiaria del Consorcio Aga, asumió la producción de la marca. El Consorcio Aga, fundado en 1931 por Abelardo García Arce, es un grupo empresarial completamente mexicano que revolucionó la industria de bebidas del país.
Esta transición permitió a Jarritos escalar su producción y distribución, facilitando su entrada a nuevos mercados. Hoy, la marca representa un ejemplo de cómo la tradición, la innovación y la capacidad de adaptarse generan productos que perduran y trascienden generaciones, posicionándose como un referente cultural de México en el extranjero.