Existe una versión de lasaña que engaña al ojo y satisface al paladar sin usar ni una sola placa de pasta. La idea es simple: cambiar la pasta por berenjenas y armar un gratinado que mantiene toda la esencia del plato italiano.
Cómo se arma
El procedimiento requiere solo tres ingredientes principales: berenjenas, tomate y queso mozzarella. Las berenjenas se cortan en rodajas y se pasan por una plancha caliente sin freírlas, lo que les da textura sin agregar grasa. Luego se arman capas en una fuente: verdura, salsa de tomate, y queso mozzarella rallado en cantidades generosas.
El toque final es fundamental: sobre la última capa de queso rallado se colocan rodajas de mozzarella fresca. Esto permite que el gratinado en el horno adquiera una costra dorada perfecta en 20 a 25 minutos.
Qué funciona mejor
Para la salsa de tomate, se puede usar tomate frito envasado, que ofrece rapidez y un sabor nostálgico, o preparar una salsa casera si el tiempo lo permite. La mozzarella fresca sobre el queso rallado es lo que garantiza ese borboteo característico y el aroma que indica que está listo para servir.
El resultado final tiene la apariencia de una lasaña tradicional: queso gratinado burbujeante, sabor concentrado de tomate y textura suave. Sin embargo, la berenjena funciona como sustituto de la pasta, brindando cuerpo al plato y aportando un toque diferente que ninguno de los comensales echará de menos.