Existe un documento que muchas familias ignoran y que podría ahorrarles años de conflictos y gastos judiciales: el poder preventivo. No es lo mismo que un testamento, ni se tramita de la misma manera.
La idea es simple: mientras una persona mantiene plena capacidad para tomar decisiones, acude a una notaría y designa a alguien de confianza para que maneje sus asuntos cuando esa capacidad se pierda. Puede ser por enfermedad, accidente, envejecimiento u otra circunstancia que impida actuar.
Cuándo se vuelve crucial
Un escenario que ilustra bien su importancia es el de alguien diagnosticado con Alzheimer. Con el avance de la enfermedad, llega el punto en que no puede vivir solo. Aparece la necesidad de una residencia y sus costos. El dinero está en la casa, que habría que vender.
El problema: esa persona ya no está en condiciones de ir a notaría a dar poder para vender la propiedad. Sin el documento preventivo, la familia enfrenta un largo proceso judicial para obtener autorización. Con el poder preparado de antemano, la persona designada simplemente realiza la gestión.
La ventaja de decidir con tiempo
Los beneficios de tener un poder preventivo son claros. Evita que la familia termine envuelta en conflictos sobre quién decide qué. Elimina decisiones dolorosas tomadas en contextos de urgencia. Y cancela la necesidad de acudir a los tribunales.
La recomendación es no esperar. Mientras puedas decidir, es el momento de actuar. No requiere que haya un problema presente, justamente porque se trata de un mecanismo preventivo. Ir a notaría y dejar esto resuelto es una gestión que protege tanto a quien lo hace como a sus seres queridos.