Los mooncakes o pasteles de luna (月饼) son protagonistas indispensables del Festival del Medio Otoño, celebración que sigue el calendario lunar chino y cambia de fecha cada año. En 2026 cae el 25 de septiembre. Su forma redonda representa la unión familiar, reflejando la luna llena que ilumina la fiesta. Comerlos y regalarlos son tradiciones que se mantienen vigentes, aunque hoy muchas pastelerías los han elevado a artículos de lujo con cajas elaboradas y precios altos, algo que refleja el trabajo artesanal que requiere cada pieza.
De la receta clásica al método sin horno
El mooncake tradicional se prepara en horno. Combina una masa de harina, aceite y sirope rellena de pasta de alubias dulces (como las azuki), frutos secos o semillas de loto, frecuentemente con un centro de yema de huevo de pato curada. Un molde especial marca su dibujo característico. Recién salido del horno, la masa es dura y seca, pero tras varios días de reposo se ablanda y adquiere esa textura tierna y brillante que lo define.
Ante la complejidad del proceso, surgieron versiones modernas más accesibles: los mooncakes de piel de nieve (冰皮, bīngpí). Estos no necesitan horno, lo que simplifica su elaboración casera sin sacrificar su esencia cultural. Su nombre proviene de su masa blanca y muy fina, característica que los distingue visualmente de sus antecesores horneados.
La denominación se utiliza tanto en inglés —snowskin mooncake— como en chino, consolidándose como la alternativa contemporánea que democratiza la experiencia de preparar este dulce icónico sin requerir equipo especial ni tiempos de reposo prolongados.