La edición 2026 del Oktoberfest, la fiesta cervecera más grande de Europa Occidental, cerró sus puertas con más de 7,4 millones de asistentes. El evento se desarrolló entre el 19 de septiembre y el 4 de octubre en la pradera de Theresienwiese, en Múnich, Baviera, donde cada año se reúnen seis cervecerías autorizadas para servir bebidas y montar sus legendarias carpas.
Paulaner reafirmó su dominio en el mercado del festival y se coronó nuevamente como la marca más vendida. La cervecería bávara dirige no solo sus carpas principales, sino también casetas tradicionales donde mantiene las costumbres de los orígenes de la fiesta, incluyendo el servicio en barriles de madera transportados por caballos.
Un festival de cifras récord
Las dimensiones del Oktoberfest se reflejan en números abrumadores. Durante las semanas del festival, se asaron más de 550.000 pollos, 120 bueyes y 60 terneros. El consumo de salchichas superó varios cientos de miles de pares.
La Paulaner Festzelt, la carpa insignia del evento, requirió doce semanas de montaje y 150 carpinteros para su construcción. El recinto tiene capacidad para miles de personas simultáneamente y emplea más de 40 asadores solo en sus cocinas.
La logística de la cerveza
Contrario al mito popular en España, no existen tuberías directas desde la fábrica hacia las carpas. Sin embargo, una flota de camiones cisterna descargan cada noche su contenido en un sistema de bombeo sofisticado. La cerveza se almacena en gigantescos toneles ocultos dentro de la carpa y llega a los grifos mediante bombeo, manteniéndose a la temperatura perfecta gracias a sistemas de refrigeración especiales.
Otro mito desmentido: en el Oktoberfest alemán la cerveza se sirve fría, no caliente. Se presenta en jarras de litro de cristal o cerámica que preservan la temperatura ideal.
El impacto económico del festival es significativo. Se estima que genera alrededor de 1000 millones de euros en la economía local, beneficiando hoteles, restaurantes y otros negocios de la ciudad.