Existe un método de riego tan antiguo como efectivo que no requiere mangueras, goteros ni programadores: enterrar una olla de barro junto a la planta. El sistema funciona gracias a la porosidad natural de la terracota, que deja filtrar el agua lentamente hacia la tierra circundante, hidratando las raíces de forma gradual.

Cómo funciona el sistema

El proceso es sencillo. Se entierra un recipiente de barro sin esmaltar dejando su boca accesible en la superficie. Se coloca la planta cercana y se llena el recipiente de agua. A través de las paredes porosas del barro, el agua se filtra lentamente hacia el suelo, creando una zona de humedad constante. La abertura superior permite rellenar la olla sin necesidad de desenterrarla.

El principal atractivo es el ahorro de agua. Según quienes promocionan esta técnica, es posible reducir el consumo de riego entre un 50 y 70 por ciento. Esto ocurre porque el agua llega directamente a las raíces sin perderse por evaporación en la superficie ni por escurrimiento innecesario.

Variables que cambian según cada caso

No existe un calendario fijo para rellenar la olla. La frecuencia depende de varios factores: qué planta es, las temperaturas del momento, cuánta luz solar recibe y qué tipo de suelo hay. Antes de confiar en el sistema para varios días seguidos, es recomendable observar cómo se vacía en las condiciones específicas de tu jardín.

El requisito fundamental es usar barro sin esmaltar, ya que el esmalte sella la porosidad e impide el paso del agua. Con eso en cuenta, este método económico y sostenible funciona tanto para huertos pequeños como para jardines de cualquier tamaño.