Muchos guardamos las latas de anchoas en la despensa junto al resto de las conservas, pero ese es un error que puede costarte caro. Las anchoas en salazón no son una conserva convencional: requieren refrigeración desde el momento en que las compras hasta que las consumas.
Si las dejas a temperatura ambiente, especialmente en lugares cálidos, existe un riesgo alto de que se echen a perder. Cuando las abras tiempo después, es probable que encuentres un olor rancio o desagradable que te obligará a tirarlas. Esto ocurre porque las anchoas en salazón —ya sean del Cantábrico, de L'Escala u otros orígenes— son una semiconserva, no una conserva tradicional.
Por qué otras conservas de pescado sí aguantan la despensa
El atún, los mejillones, el bonito, los calamares y otros productos enlatados funcionan bien a temperatura ambiente. También las conservas de verdura como los espárragos, el maíz dulce o los pimientos del piquillo. Estas sí son conservas en el sentido estricto: su proceso de elaboración y envasado permite su almacenamiento seguro sin frío.
Con las anchoas en salazón es distinto. Su naturaleza y composición las hacen más vulnerables al deterioro si no están refrigeradas. La única excepción sería almacenarlas a una temperatura ambiente anormalmente baja, pero en la mayoría de los hogares eso no ocurre.
La solución es simple
Desde que compres las anchoas hasta que las uses, mantenlas en la nevera. Esto preserva su sabor, aroma y textura. Es un hábito fácil que evita perder producto y dinero. Si tienes anchoas guardadas en la despensa hace tiempo, lo mejor es revisar su estado antes de consumirlas.