Muchas cocinas tienen un cajón debajo del horno que pasa desapercibido. Lo común es llenarlo de sartenes, ollas o trastos que no tenemos dónde guardar. Pero ese compartimento tiene una función real y muy específica: es un calentador independiente que nada tiene que ver con el almacenamiento.
Cuando terminas de cocinar algo y lo guardas en ese cajón, notas que se calienta mucho. No es extraño, ni hay misterio termodinámico de por medio. El cajón posee resistencias propias que generan calor de forma controlada para mantener los alimentos en temperatura sin que se enfríen.
Más útil de lo que parece
Este tipo de cajones tiene varios usos prácticos. El principal es conservar platos ya preparados a la temperatura ideal mientras acabas de cocinar el resto de la comida o esperas a que los comensales se sienten a la mesa. Es especialmente valioso en comidas de varias personas o cuando preparas diferentes platos que terminan en momentos distintos.
Para quienes trabajan con masas, pan y repostería, el cajón calentador resulta particularmente útil. La temperatura constante y suave que mantiene lo convierte en un espacio ideal para fermentaciones lentas de levaduras y masas madre, que requieren condiciones muy específicas para desarrollarse correctamente.
Diferencias geográficas
Este tipo de electrodoméstico es más común en países como Estados Unidos y Reino Unido que en otras regiones. En muchas casas existe, pero sus usuarios ignoran su verdadero propósito y lo utilizan como depósito de trastos. Descubrir su función real es especialmente útil cuando alquilas un apartamento vacacional o te mudas a una vivienda nueva y encuentras uno de estos cajones sin saber exactamente para qué estaba diseñado.