En el municipio de Nopala de Villagrán, en Hidalgo, existe un pueblo donde la pastelería no es un oficio ocasional sino la forma de vida de la mayoría. San Sebastián Tenochtitlán tiene ganado el reconocimiento de "Capital Pastelera" de México, un título que refleja una realidad económica y cultural única: alrededor del 75% de sus habitantes vive de hacer pasteles y repostería.
El origen de esta tradición se remonta a varias décadas atrás. Todo comenzó cuando algunos pobladores fueron contratados por una pastelería importante en la Ciudad de México. Al regresar a su comunidad, compartieron lo que habían aprendido en la capital. Ese conocimiento transmitido de manera orgánica derivó en una especialización que hoy involucra a cientos de familias y sostiene la economía local.
Una festividad de escala masiva
Cada mes de enero, el pueblo celebra su feria patronal en honor a San Sebastián Mártir. El evento central se produce el 20 de enero, cuando después de la misa principal tiene lugar una distribución masiva de pasteles que ha trascendido las fronteras locales. Esta celebración no solo permite a los pasteleros exhibir su trabajo, sino que también atrae a visitantes desde México y más allá.
El reconocimiento internacional
La dedicación colectiva de San Sebastián Tenochtitlán a la repostería le ha valido un lugar en los registros de Récords Guinness, un reconocimiento que consolida su posición como referente gastronómico. La proximidad al área metropolitana de la Ciudad de México facilita que curiosos y amantes de la gastronomía tradicional lleguen hasta el pueblo para conocer el trabajo de estos artesanos dulceros.
Lo que comenzó como una transmisión informal de oficios entre generaciones se convirtió en una identidad colectiva y en el motor económico de la comunidad, demostrando cómo el conocimiento compartido puede transformar un pueblo entero.